miércoles, 29 de octubre de 2008

Adicto


Si. Ya lo se. Es perjudicial para la salud. Estoy en una posición privilegiada para poder contraer cualquiera de las tropecientas mil enfermedades asociadas al consumo de tabaco. Pero fumo. Es una triste realidad. Soy adicto a la nicotina y reconozco que harían falta muchos parches, pipas (de girasol, no de Sherlock Holmes) y paredes contra las que romperme la cabeza para poder abandonar este maldito vicio. ¿Como me enrolé en las hordas de la liga tabaquista? Fácilmente. A la edad de 19 años, en la universidad, a la hora de tomar el cafetito de después de clase. Alguien me ofreció un cigarrillo y lo acepté. Aquello se convirtió en un rito: café y cigarrillo. Después vinieron los de acompañamiento de cubata, el de después de cada comida, el de después de un kiki, el de mientras hago caca, el de recién levantado, el de mientras me afeito, ... Hasta ahora. Paquete diario. Dos euros sesenta y cinco céntimos por cada veinte cilindros de hierba seca aderezados con un estudiado tratamiento químico que hacen que tu cuerpo suspire por ellos. Saquemos cuentas: 2,65 € x 365 días = 967,25 € / año. Madre mía. No quiero ni pensarlo. Prefiero huir de esta realidad económica. La adicción al tabaco tiene un alto porcentaje de adicción psíquica, es una droga social y de rutinas. Por lo visto el sindrome de abstinencia a la nicotina suele pasar rápidamente. Pero el tema es pasarlo. Supongo que algún día deberé enfrentarme al reto de abandonarlo para siempre. Tengo muchos motivos para hacerlo, pero ninguno lo suficientemente fuerte hasta el momento que me haya llevado a decidirme. Lo pasaré mal, pero no me quedará mas remedio. Hasta entonces continuaré arruinando mi organismo, y engordando las cajas de caudales de las grandes multinacionales del tabaco, que hasta el momento salen impunes de todo el estrago que provocan. Al fin y al cabo dejan mucha pasta a los estados en concepto de impuestos. Esa pasta sirve para hacer carreteras. Y Expos en Zaragoza. No es justo. Al menos deberían levantar un monolito aderezado con una placa conmemorativa en la que se leyese :
"El 25% de esta exposición universal fue sufragada por todos esos españoles que se dejan el pecho a diario a golpe de cigarrillo. Descansen en paz los que cayeron por el camino". Si, vale, tampoco es justo. Porque la sanidad pública tiene también cantidad de gastos derivados del tratamiento a pacientes con enfermedades provocadas o agravadas por su adicción al tabaco, o en terapias para intentar desenganchar a los fumadores. Entonces no lo entiendo. ¿Dónde está el negocio?

Sin duda es esta una cuestión con muy malos humos. Se mire por donde se mire y se le den las vueltas que se le den, este es un mal vicio. Os dejo. Voy a fumarme un cigarrillo.

martes, 7 de octubre de 2008

Missue

Missue campa a sus anchas. Cumple con todos los requisitos necesarios para poder hacerlo.

En primer lugar tiene genes de gato (perdón, de gata), lo que la hace única a la hora de caer siempre de pie. De poder disponer de siete vidas, no se bien si a crédito o a débito. De dormir sin miramientos y con avaricia. De no dormir cuando yo lo hago, y aprovechar para pasear en la oscuridad por esa extraña bola que es mi cabeza. De arañar ese cojín de estilo árabe propiedad de mi mujer, cuyo diseño, supongo, debe indignarle dado el empeño que pone en intentar destrozarlo. De hacer todo tipo de acrobacias aéreas en el momento más inesperado. De cagar muy educadamente sin que nadie se entere. De pasar muy buenos ratos jugando con su genial amiga: la goma verde del pelo, fiel y sufrida compañera que aguanta todos sus embates y ese afán por conocer su límite de elasticidad.

En segundo lugar, Missue tiene una gran personalidad. Missue es exigente. Exige cariño. Y tiene mala hostia: a los gatos no se les debería peinar ni obligarles a tomar pastillas, me ha confesado en alguna ocasión.
Orgullosa, se ha ganado a pulso su parcela en la cama, al fin y al cabo es una mas de la familia, por lo tanto no ve correcto que todos durmamos en blando y ella no. Sería un clarísimo caso de discriminación. Cariñosa hasta el extremo, expresándolo en forma de lametones en nuestra mejilla. Caprichosa, como buena hembra, una vez a la semana come su plato "gourmet" : pollo en salsa. No tiene ningún reparo en saborear esa espesa salsa y dejar el pollo para el que guste.
En ocasiones me pregunto si ese cascabel que suena a su paso es melodía de libertad o al contrario es cadena de presidiario. Me pregunto si Missue es feliz, si no preferiría andar de picos pardos por los callejones de esta sucia ciudad, rebuscando en la basura o cazando ratoncillos. Si por su cabeza de gata no pasan ideas de conocer a un apuesto aristogato, enamorarse de él y tener una camada de gatitos a la que transmitir toda su cultura felina. Pero Missue se detiene ante mi, y me arranca de mis elucubraciones de un zarpazo. Me mira... y guiña un ojo. Es su forma de decirme que si, que campa a sus anchas.
Es dueña de sus actos y manda en su territorio. No tiene inconveniente en actuar como le place en cualquier momento, ni prejuicios culturales que la hagan cabilar.
Este es su mundo y goza en él.
Missue lo tiene claro: es la puta ama.